Desde hace unos cuantos días no pasaba por mi blog a dejar parte de lo que quiero comunicar a aquellos que gustan leerme... ¿Excusas? puedo escribir muchas, tal vez alguna conveniente, pero la realidad es que he estado luchando día a día y desde hace más de dos meses con mi salud, en este momento me siento un tanto recuperada por lo que retomo la lectura y quiero dejar un artículo de uno de mis escritores favoritos sobre el acontecer nacional, Rafael del Naranco...


La última morisqueta palaciega

Primero: démosle gracias señor de los cielos por la existencia de Hugo Rafael; sin su ingenua efervescencia, el escribidor difícilmente pudiera conseguir un tema para la crónica de cada día. Es un pozo sin fondo de chascarrillos e ideas asombrosas para borronear la historia del mañana efímero.

Vista así la realidad, a alguien se le están fundiendo las neuronas. Ninguna persona debiera ir por la vida, habiendo tantas acciones juiciosas por hacer, arremetiendo contra molinos de viento creyendo que son gigantes imperialistas, o cambiando el nombre y hasta el sexo de la existencia, como en la primorosa alborada de la Creación.

Intentemos, dentro de la sensatez, dejar las formas banales del mundo tal como están y solamente dar uno la vuelta a lo que en verdad pueda trasformar para bien la naturaleza humana.

Si una piedra se llama piedra, ¿qué gracia puede tener que la rebauticen "drapie"? Posiblemente por creerse el autor de tan absurda propuesta la mollera más creativa del orbe. Y una pregunta capciosa: ¿Y cómo se aludía a los indios antes de que fueran denominados indios? Ayer, durante un encuentro mantenido por el Presidente con grupos indígenas, se ha referido a América Latina como "América India".

"Vamos a empezar a usar ese término -ha dicho- porque eso de Latinoamérica nos lo impusieron"; a sangre y fuego, añadimos nosotros para colaborar en tan magna idea comparable únicamente con la manzana de la gravedad que casi le rompe los sesos a Isaac Newton.

La fuerza de tal proposición será vista en su magnitud desde hoy. Con urgencia, Cilia Flores reunirá a la Asamblea Nacional, y de allí se trasladarán los diputados y diputadas -si los varones son sus señorías, ¿cómo se denominarán las varonas?- a la Capilla Santa Rosa de Lima, y frente al arca de bronce en que se guarda el acta de los sucesos de abril de 1810, jurarán borrar para siempre el indigno nombre que mancilla el continente de la esperanza, tan pródigo en déspotas, caudillos sanguinarios, autócratas, militares cuatrisoleados y abadejos o bacalaos de poca monta.

Partirá raudo de Caracas hacia las capitales indianas el preclaro edicto, y así, desde Río Grande a Tierra de Fuego, sabrán del cambio trascendental germinado en la clarividencia del generalísimo venezolano.

En cierta mañana gris del Tercer Reich, un diario de Berlín tituló bajo una fotografía de Hitler: "Habló al mundo". Y el orbe quedó anonadado. De igual manera parece suceder ahora mismo.