¿Qué es una decisión?

Estamos ante una Decisión cuando la Razón no nos sirve para nada

Para mejorar nuestra capacidad de tomar decisiones o, aunque sólo sea, para reflexionar sobre ello, cabe plantearse dos temas previos estrechamente relacionados: uno, menos importante, de carácter práctico: ¿Qué es, en sentido estricto, una decisión? Y 2) el verdadero problema: ¿Cómo entendemos lo humano? ¿Cómo se entiende usted a sí mismo como humano? Y, sobre todo, ¿Qué relación puede haber entre su visión de sí mismo como humano y su capacidad de tomar decisiones?

1.- En cuanto al primer tema, suelo iniciar mi taller de Ética, Lógica y Toma de Decisiones, con una pregunta tramposa: cuando estás ante la necesidad de tomar una decisión, ¿Apelas a la razón para tomarla o, más bien, ella te evita tener que tomarla? La reacción -al parecer contundente- no se hace esperar: es obvio, profesor, que la respuesta a su pregunta va en el primer sentido y no en el segundo; es evidente que necesitamos razones firmes para tomar decisiones. Pero, además, ¡¡no entendemos cómo puede usted -en un taller para gerentes- plantear que haya que evitar las decisiones en lugar de asumirlas!!

Eso de creer que apelamos a la Razón para tomar decisiones -y no para evitarlas- es una expresión crasa del error o mal entendido en el que ha incurrido nuestra cultura desde hace 2.500 años, ¡o sea!, desde siempre. Seguimos creyendo que es razonando (o analizando la realidad que tenemos delante) como podemos tomar decisiones; cuando es exactamente al revés: mientras más poderosas sean las razones que tenemos para hacer -o no hacer- algo, menos habrá que decidir, es decir, más obvio será lo que tenemos que hacer. ¡¡De manera forzosa y no porque decidamos hacerlo!! Repito: no lo que debemos hacer, sino lo que tenemos que hacer.

2.- El problema de fondo, el que nos conecta con la dimensión más profunda de lo humano... y con la toma de decisiones: la necesidad de intuir que lo racional es una esfera superficial de la Psiquis, una delgada capa que sobrenada o se superpone a los sentimientos, sensaciones, instintos, intuiciones, pasiones, emociones, creencias, dogmas, tabúes, valores y pulsiones animales de todo tipo. La necesidad de entender que esa vieja definición que nos asume como "Animales Racionales" es un inmenso error. Un dogma (que nuestra esencia es la Racionalidad) estrechamente ligado a otro: aquel según el cual entre la Razón y la Moral hay una clara conexión, un nexo que le permite a ésta fundarse en aquélla.

El primer día de nuestro taller está destinado a inculcar en el participante que no existe tal conexión, que la Moral y la Razón no se empalman en lo más mínimo; "razón" por la cual es tan difícil y problemático, no sólo tomar decisiones, sino... ser humano. ¡¡Qué fácil serían ambas cosas si fuese cierto que analizando racional y rigurosamente la realidad que tenemos por delante pudiéramos deducir lo que debemos hacer en el plano moral!! Es decir, qué fácil sería todo, si del conocimiento del Ser se derivase o se pudiese deducir el Deber Ser moral.

El punto de partida para profundizar en nuestra capacidad del tomar decisiones es -¡precisamente!- trascender la dimensión racional, o sea, ¡¡acceder a nuestra dimensión moral!! Comprender que la Toma de Decisiones pertenece a la esfera de la Ética y no a la de la Lógica. Empezar a intuir que sólo estamos ante una Decisión cuando la Razón no nos sirve para nada, cuando ella no puede ayudarnos en lo más mínimo. Es decir, cuando con estrictamente el mismo contexto y exactamente las mismas razones podemos perdonar o no una ofensa, matar o no a alguien, ¡¡invadir o no a Irak!!

Emeterio Gómez