Los cambios son parte de la existencia y constantemente estamos sometidos a ellos, sólo que, usualmente, suceden tan paulatinamente que casi no los notamos. La vida está en un continuo proceso de cambio y renovación, por ende, nosotros también, y aun a pesar de saberlo, nos resistimos a ellos, aunque sean para nuestro bien. Los cambios nos atemorizan, porque implican soltar y dejar atrás, para vivir nuevas experiencias y enfrentar lo desconocido.

Existen dos tipos de cambios, los que suceden sin que nos demos cuenta de ellos, porque se manifiestan lentamente y como consecuencia natural de la vida y de nuestro proceso de crecimiento y madurez. Son los que ocurren día a día, sin que podamos percibirlos, como el desgaste de las cosas, el crecimiento de los niños, el envejecimiento… Pero hay otros que se presentan de manera inesperada, que nos sorprenden con su dureza y sus exigencias, y que nos llevan a vivir una experiencia totalmente nueva y desconocida que nos hace sentir temor, inseguridad o dolor.

Todos sabemos que los cambios son inevitables, pero aun así, tratamos de evitarlos o de postergarlos, pensando que de esa manera estaremos más seguros y felices. Inclusive, a veces vivimos la ambivalencia de desear un cambio con la cabeza, pero con las emociones hacemos todo lo posible para evitarlo, convirtiéndonos así, a causa de nuestro temor y actuación, en el obstáculo que detiene y sabotea la posibilidad de tener esa nueva experiencia.

Es natural que al reconocer los cambios que han ocurrido en nuestra vida, sintamos un poco de nostalgia por algunos de ellos, porque, definitivamente, ya forman parte del pasado y no los volveremos a vivir de la misma manera. Pero esto significa que tendremos la posibilidad de vivir nuevas experiencias, de superar nuevos retos, de aprender cosas nuevas que nos harán crecer, madurar y sentirnos bien, satisfechos por el permiso que nos dimos para vivir las oportunidades de cambio.

Debemos estar dispuestos a perder un poco, para ganar algo nuevo, entendiendo que tenemos la oportunidad de ser personas diferentes y mejores cada día, y que, además, tenemos el regalo de poder elegir como queremos vivir el resto de nuestra vida.

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