No podemos cansarnos de protestar en contra de lo que nos mantiene en vilo, no podemos dejar que este fracaso siga siendo parte de nuestra rutina y que cada día sigan muriendo más y más personas inocentes... ¡Hasta cuando van a seguir diciéndonos que no hay inseguridad en nuestro país! ¡Seguiremos entonces diciendo que es falso! ¡Qué estamos hasta la saciedad hartos de tanto asesinato impune! ¡Basta, basta ya!
La inseguridad es otro tema al que Hugo Chávez ha aplicado la lógica bolivariana: “Si no hablo de ello, entonces ¡no existe!”.
Por casi nueve años, la delincuencia desbordada y la inseguridad ciudadana fueron los grandes ausentes en las kilométricas alocuciones de Chávez. Este mutis duró hasta diciembre de 2007, cuando las encuestas lo enfrentaron con la realidad: Más del 90% de la población (chavista y no chavista) consideraba a la inseguridad como uno de los mayores problemas que lo afectaba.
De hecho, éste fue uno de los factores que incidió en la abstención y en el predominio del NO para rechazar la reforma constitucional el 2 de diciembre de 2007. Y, según interpreta VenEconomía, es por ello que el mandatario decidió en enero de este año hacer “algo” al respecto. Lo malo es que “ese algo” no pasa por enfrentar el problema desde sus raíces ni de manera estructurada.
Esto se evidencia en que no designó para esta importante tarea a un funcionario con credenciales que avalaran su experiencia en el área de prevención y seguridad. No escogió a un profesional que pudiera abordar un área tan compleja y multicausal con objetividad. Ni tampoco a una persona independiente que pudiera evaluar las diferentes propuestas que existían para luego concebir un sistema de justicia y seguridad integral con respeto a los derechos humanos.
El criterio de selección utilizado por Chávez fue, de nuevo, la afinidad ideológica con su proyecto de “Socialismo a lo Siglo XXI”, y buscó a un “hombre fuerte” cuyo mejor aval son sus nexos con la narcoguerrilla terrorista de las FARC.
En consecuencia, al designar en la cartera del Ministerio del Interior y Justicia a un personaje como Ramón Rodríguez Chacín, era ilusorio esperar medidas de seguridad coherentes, estructuradas y sustentables. Pero, tampoco era eso lo que buscaba Chávez.
También era impensable, que un hombre de fuerza, y no de pensamiento, como Rodríguez Chacín, pudiera detenerse a analizar el Modelo Policial de Seguridad Democrática propuesto por la Comisión Nacional para la Reforma Policial, o a considerar la aplicación el Plan 180° propuesto por el alcalde de Chacao, Leopoldo López, y mucho menos, continuar los programas de seguridad que venía aplicando el Comisario Iván Simonovis. Es más, esto tampoco estaba dentro de los objetivos del mandatario.
Lo que sí era de esperar con esta línea de Chávez en materia de “seguridad” es que se creara una Policía Nacional politizada, “bolivariana, revolucionaria, insurgente y subversiva”, al servicio de los aviesos objetivos de un gobierno dictatorial con tendencias delincuenciales. Una policía que destruye lo que han avanzado puntualmente en materia de seguridad algunas regiones y municipios, y que ni siquiera ha podido ser implementada.
También es coherente con el talante totalitario del Presidente la propuesta de planes tan absurdos e inviables como el Plan Ruta Segura (“dos guardias nacionales y un policía por unidad”) para combatir la matanza de los transportistas y pasajeros venezolanos. Es que la delincuencia y los asesinatos no se comenten solamente en las unidades de transporte colectivo, la cometen en la calle, cuando caminamos, cuando vamos en nuestros automóviles, cuando entramos a nuestros hogares, en nuestros trabajos, cuando algunos descansamos en los pobres barrios están asesinando a diestra y sinestra, cuando se forman las balaceras en estos mismos lugares... ¿Entonces?
Gracias a este criterio sesgado del Primer Mandatario en materia de seguridad ciudadana, los altos índices de delincuencia se mantienen inamovibles, los asaltos, homicidios y secuestros siguen su escalada, y la población continúa indefensa en manos de un hampa desbordada.
It’s the responsibility of the person in the driver’s seat
The lack of security is another issue where Hugo Chávez has applied his Bolivarian logic, “I don’t speak of it, therefore it doesn’t exist!”
For nearly nine years, rampant crime, and lack of security have been conspicuous by their absence from Chávez’ endless speeches. This silence lasted until December 2007, when the opinion polls confronted him with a harsh reality: more than 90% of the population (Chavista and non Chavista) considered the lack of security to be one of the biggest problems affecting them.
In fact, this was one of the factors that had an impact on abstention and contributed to the NO vote prevailing on December 2, 2007, against the constitutional reform; and, as VenEconomy sees it, that is the reason why the President decided to do “something” about it in January this year. Unfortunately, that “something” does not involve dealing systematically with the root causes of the problem.
This is clear from his not appointing a person with a proven track record in crime prevention and security to head up this important area. He did not choose a professional who could deal with such a complex, multi-causal problem objectively or an independent person who could evaluate the different proposals that already existed in order to then come up with a comprehensive justice and security system in which consideration was also given to the respect for human rights.
The selection criterion used by Chávez was, once again, ideological affinity with his 21st century socialism project, and he sought a “strong man” whose best qualifications are his ties with the narco-guerrilla terrorist group, the FARC.
So, after appointing an individual such as Ramón Rodríguez Chacín to head up the Ministry of the Interior and Justice, it was naïve to expect coherent, structured, sustainable measures. But that was not what Chávez was after either.
It was also unthinkable that a strong man -not a thinking man- like Rodríguez Chacín would be capable of stopping and analyzing the Democratic Security Police Model proposed by the National Police Reform Committee or of considering implementing the 180° Plan proposed by Chacao Mayor Leopoldo López, much less continuing the security programs that Police Captain Iván Simonovis had been implementing. Besides, that was not one of the President’s objectives either.
What was to be expected with this line of Chávez’ in “security” matters was that a politicized, “Bolivarian, revolutionary, insurgent, and subversive” national police force would be created and put at the service of the malicious objectives of a dictatorial government with criminal tendencies, a police force that destroys what progress has been made in the area of security in certain regions and municipalities.
Also in tune with the President’s totalitarian bent is the proposing of such absurd, unviable plans as putting two national guardsmen and a policeman on buses to stop the killing of Venezuelan bus drivers.
Thanks to this biased approach to security, the high crime rate shows no sign of coming down, muggings, murders, and kidnappings continue to escalate, and people are still defenseless and at the mercy of criminals.




ValentinUtrera
Pro
No podemos cansarnos de protestar.
Aunque no gustemos a unos u otros, por ir contracorriente.
Aunque nos tachen de lo que quieran.
Abrazos