Maytte Sepulveda

En muchas oportunidades he traído mensajes de Maytte Sepulveda a mi bitácora, por considerarlos de suma importancia en las relaciones que nos conectan con unos y otros...

El aprendizaje de los diferentes valores nunca dejará de ser relevante por cuanto los adelantos existentes van haciendo olvidar el sentido de las emociones y sentimientos que han formado parte de nuestras vidas, por lo que dejo a mi lectores una reflexión que nos habla de la honestidad, conceptos y principios que deben ser aplicados a toda sociedad.

Seamos Honestos

Usualmente, no asisto a reuniones de negocios. Pero ayer no lo pude evitar, pasivamente hacía acto de presencia y, entre propuestas y contrapropuestas, al final ocurrió algo que me dejo sorprendida: mágicamente los rostros se suavizaron, el tono de voz bajó, las sonrisas aparecieron y la cordialidad llegó… Con un buen apretón de manos y un "de acuerdo", estas dos personas sellaron su trato. Uno dijo: "¿Necesitas que te firme algo?". Y la respuesta del otro me emocionó: "Con tu palabra basta".

Hoy en día ya no se hacen compromisos, acuerdos o negocios de palabra, porque nadie confía en nadie, debido a la gran prevención que tenemos ante la actuación deshonesta de las personas, que se aprovechan de la ingenuidad o necesidad de los que confiaron en ellas. Y no hay nada tan terrible como tener que mantenernos a la defensiva, atentos y vigilantes del comportamiento o la actitud de otra persona, tratando de descubrir o de averiguar cuáles serán sus verdaderas intenciones, para evitar que nos roben o que abusen de nosotros. Sería maravilloso si todos fuésemos honestos, conscientes y responsables de nuestra palabra, actuación y compromisos en todo momento, pues, seguramente así, retornarían la confianza, la entrega y la tranquilidad a nuestras relaciones con los demás.

Para rescatar un valor importante para la reconstrucción de espacios a salvo en nuestra sociedad: la honestidad.

Comencemos por decir la verdad de lo que pensamos y sentimos. Sabiendo que podemos elegir las palabras adecuadas para expresarnos de la mejor manera, y sin tener que decir algo que no pensamos o, peor aún, que no vamos a cumplir.

Actuemos en coherencia con lo que creemos. Sin disfrazarnos de alguien que no somos para terminar diciendo o haciendo algo que después vamos a lamentar.

Mostrémonos tal cual somos, sin necesitar ocultar nuestras verdaderas intenciones, aun cuando hayamos aprendido a actuar así, especialmente en los negocios.

Evitemos escondernos detrás del comportamiento de la mayoría, aun a sabiendas de que no estamos de acuerdo con ellos. No asumamos compromisos que, de antemano, sabemos que no vamos a cumplir, sólo para que esa persona escuche lo que desea.

No hagamos cumplidos que no sentimos. Pero tampoco guardemos nuestros verdaderos sentimientos si estamos en desacuerdo con alguien o con algo, pues todo lo que guardamos u ocultamos nos envenena y trastorna nuestra manera de ser.

No tomemos ventaja de los más débiles o necesitados. Pensando en beneficiarnos de su fragilidad o de su ignorancia, pues el universo se encargara en algún momento de colocarnos en su lugar, para que aprendamos el sentido correcto de las cosas.

No engañemos a aquellos que creen o confían en nosotros. Sobre todo si somos líderes que guiamos sus elecciones o actuaciones, porque seríamos también responsables del destino final de su ceguera hacia nosotros. Ante todo y sobre todo, seamos honestos con nosotros y con los demás. Las mentiras que más caras se pagan son las que nos decimos a nosotros mismos, a costa de perder la dignidad, la felicidad, la salud y la vida.

Que la cara que le damos al mundo todos los días refleje lo que en verdad pensamos, sentimos y creemos. Ser uno en lugar de muchos, para vivir con autenticidad y no de acuerdo a las circunstancias, nos permitirá experimentar la libertad esencial y la serenidad.

UNA HISTORIA EJEMPLAR

Héla aquí: "Existió una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino, pues era tiempo de buscar pareja a su hija. Todos los jóvenes asistieron, y el rey les dijo: 'Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros; al cabo de seis meses deberán traerme, en una maceta, la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija y, por ende, el reino.

Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla y ésta no le germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y de mostrar el crecimiento de las hermosas plantas que habían sembrado en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes comenzaron a desfilar hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas floreadas. El joven estaba demasiado triste, pues su semilla nunca germinó; ni siquiera quería ir al palacio pues se consideraba un fracaso, pero su madre insistió en que debía ir, pues era un participante y debía estar allí para dar la cara.

Con la cabeza baja y muy avergonzado, fue el último en caminar hacia el palacio con su maceta vacía. Una vez adentro del palacio, todos los jóvenes hablaban de sus plantas y al ver a nuestro amigo sin nada que mostrar, empezaron a reírse y a burlarse. En ese momento el alboroto fue interrumpido por la llegada del rey; todos hicieron su respectiva reverencia mientras que el rey pasaba lentamente entre las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos los participantes al joven que llevó su maceta vacía.

Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción. El rey dijo entonces: "Este es el nuevo heredero del trono, el que se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla no fértil y trataron de engañarme sembrando otras plantas; pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta completamente vacía, siendo sincero, leal y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece".

Cuando existe honestidad en una persona, es porque hay coherencia entre sus pensamientos, palabras, sentimientos y actuación. Esta forma de actuar íntegra, consciente y responsable, nos asegura mantener buenas relaciones personales y recibir, por parte del universo, la recompensa que merecemos. Cuando tratamos de ocultar nuestras faltas, carencias y limitaciones, detrás de una actuación interesada, falsa y aventajada, tarde o temprano quedaremos expuestos en nuestra intención y actuación frente a los demás, y será la vida, una vez más, la que nos dé más de lo mismo como una consecuencia natural. Mostrar abiertamente nuestras intenciones y actuar con limpieza y desinterés en todo momento, dejándonos llevar por nuestros valores esenciales, aun a pesar de estar experimentando un momento de gran necesidad, nos ganará la posibilidad de superarlo para conseguir aquello que buscamos.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!

Créditos:

¡Hola Maytte!
Maytte Sepulveda

http://www.maytte.com/