Personajes: Lucinda, Valerio, Geronte, Lucas, Sganarelle, Jacqueline.

Sganarelle: ¿Es ésta la enferma?

Geronte: Sí; es mi única hija, y si muriese, eso sería para mí el mayor dolor del mundo.

Sganarelle: ¡Que se cuide muy bien de hacer eso! No puede morir sin permiso del médico.

Geronte: ¡Vamos una silla!

Sganarelle: He aquí una enferma que no está muy mal, y creo que un hombre sano se entendería muy bien con ella.

Geronte: La hace usted reír, Señor.

Sganarelle: Tanto mejor; cuando el médico hace reír al enfermo es el mejor síntoma. Y bien ¿De qué se trata? ¿Qué tiene usted? ¿Qué es lo que siente?

Lucinda: (Responde por seña, llevándose la mano a la boca, a la cabeza y bajo la barbilla)

Sganarelle: ¿Cómo? ¿Qué dice?

Lucinda: (Haciendo los mismos gestos) Ham, hi, hom, ham, ha, hom, ham, ha, ham.

Sganarelle: ¿Qué?

Lucinda: Ham, hi, hom.

Sganarelle: (Remedándola) Ham, hi, hom, ham, ha; no entiendo una palabra ¿Qué demonio de idioma es ése?

Geronte: Señor, ésa es su enfermedad. Se ha vuelto muda, sin que hasta ahora hayamos averiguado por qué. Es un accidente que nos ha obligado a retrasar su boda.

Sganarelle: ¿Por qué?

Geronte: Porque quien va a ser su esposo quiere esperar a que se cure, para casarse.

Sganarelle: ¿Y quién es ese estúpido que no quiere que su mujer sea muda? ¡Quiera Dios que la mía tenga esa enfermedad! Me guardaría muy bien de desear su curación.

Geronte: En fin, Señor, le ruego emplee toda su ciencia para curarla.

Sganarelle: No se preocupe usted. Y dígame, ¿le molesta mucho ese mal?

Geronte: Si, Señor

Sganarelle: Mejor. ¿Siente muchos dolores?
Geronte: Sí, muy grandes.

Sganarelle: Eso está muy bien. ¿Va regularmente adónde usted sabe?

Geronte: Sí.

Sganarelle: Y… ¿en abundancia?

Geronte: No sé nada de eso.

Sganarelle: Y la materia ¿es satisfactoria?

Geronte: No entiendo nada de esas cosas.

Sganarelle: (Volviéndose hacia la enferma) Déme la mano. El pulso indica que su hija es muda.

Geronte: Claro está que sí; ése es su mal. Ya lo ha visto usted desde el primer momento.

Sganarelle: ¡Ah! ¡Ah!

Jacqueline: ¡Miren cómo ha adivinado su enfermedad!

Sganarelle: Nosotros, los grandes médicos, conocemos las cosas al instante. Un ignorante se hubiera visto en dificultad y habría dicho que si esto, que si lo otro; pero yo lo he averiguado al primer golpe de vista y le digo a usted que su hija es muda.

Geronte: Sí, desde luego; pero yo quisiera que usted me dijera cuál puede ser la causa.

Sganarelle: Nada más fácil; la causa está en que ha perdido el habla.

Geronte: Muy bien, pero ¿Cuál es, si le parece, el motivo de que haya perdido el habla?

Sganarelle: Nuestros mejores autores le dirán que el motivo es el de no poder hacer uso de la lengua.

…“En mi opinión, esta imposibilidad de hacer uso de la lengua se debe a ciertos humores que nosotros, los sabios, llamamos humores tóxicos; tóxicos, es decir… tóxicos…”

Jean Baptiste Moliere
Fragmento